jueves, 3 de septiembre de 2015

La cita


 
Deseaba tanto aquella cita.
Por fin, mi sueño empezaría con aquel encuentro.
El sueño más maravilloso "amar y ser correspondido".

Todo dispuesto. Me puse el traje más bonito y mi sobrero recogía mi larga cabellera.

Él, iba cómodo, unos pantalones marrones, una camisa blanca y un chaleco a cuadros. Llevaba una gorra, esto me hacía gracia, pues le hacía más joven.

Hablamos sin parar mientras andábamos por el paseo.

De repente sentí que quiso sorprenderme, pues con voz muy alegre y cautivadora, me invitó a un paseo en barca por el lago.

En cuanto le miraba a los ojos, sentía que mi rubor en la mejillas salía sin pedir permiso. Mi corazón latía fuerte. Sin duda, el amor y deseo llegó a mi corazón sin avisar.

Todo me parecía bello, sus movimientos, su tez dorada, sus manos largas y suaves, el tono de voz tan relajado.
Sí, quede fascinada ante sus encantos.

De repente en medio del lago, nos quedamos ensimismados. El miraba el atardecer y yo solo sentía que mi corazón se aceleraba sin dejar de mirar mis guantes.

Me dije, tranquilízate, tienes que ir despacio. Pero entre tanta quietud, y aquellos colores que nos relajaban con el sonido de la naturaleza, solo deseaba que me rodeara con sus brazos y, sellar aquel encuentro con un largo beso. 
Deseaba sus labios, como si fuera la fruta más dulce, y estaba decidida a dar el primer paso. No me importaba que pensara de mí, pero en ese preciso momento, me acerqué y él resultó hacer lo mismo.
Nuestras bocas se unieron. Y de que forma. No podían parar de devorarse. Sentí tal embriaguez que pensé que iba a desmayar.
No lo hice, ufff, gracias. Nuestros ojos se cruzaron, y comprendimos rápidamente que el amor ya iba realizar sólo, el camino que tanto se desea.

Carlota






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