domingo, 1 de noviembre de 2015

El hombre del traje gris

Estábamos jugando como siempre en la playa.
Nos hicimos con periódicos sombreros de piratas y ramas, cañas y unas cuerdas que traía el hermano mayor de mi amigo Víctor, construimos algo parecido a una barcaza.
Nos lo pasamos genial. Yo era la encargada de curar a los heridos, eso sí, si alguno le regalaba un caramelo me dejaba ser pirata por un ratito.
Siempre igual, y cuando jugábamos al ajedrez, me tocaba siempre jugarme una canica o un chavo.
Lo malo de jugar con chicos era eso, que tenías que darle a cambio algo pero era más divertido que jugar con chicas. ¡Que caray! Valía la pena.
Les gustaba tenerme en la pandilla porque les aportaba algo de imaginación para crear historias y jugar como si de un cuento se tratara.
De repente sonó, un gran trueno y una brisa algo más intensa y húmeda empezó a venir desde el mar.
Recogimos rápidamente y cuando nos dirigíamos al sendero de regreso a casa, vimos una figura extraña. Era como un espejismo, desaparecía y aparecía. Un hombre vestido de traje gris se acercaba hacia el mar. Llevaba un paraguas y andaba muy erguido. Lo que le rodeaba se veía como borroso.
Nos quedamos perplejos y quietos, unos con miedo y otros con cara de sorprendidos.
Se metió en el agua, y poco a poco fue hundiéndose en las aguas como si nada, hasta que el paraguas desapareció.
Enmudecidos, nos miramos. No supimos expresar aquello que vimos. ¿Sería nuestra imaginación?
Desde entonces, los hombres con trajes grises no me gustan.
Pasó el tiempo y lo olvidamos, todos tomamos aquello como parte de nuestra imaginación. Aunque yo sé que hay una historia real de aquello que vimos.
Cosas mías.

Recreado en una fotografía de Saul Landel, artesano de montajes visuales donde la imaginación no tiene límites, he pintado esta obra al óleo, espero que os guste.



1 comentario:

Irma Villalobos dijo...

Yo entiendo, cuando se es niño nos pasa cada cosa que no sabemos si fue real o imaginación.

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