martes, 8 de marzo de 2016

Mutación para la esperanza






















Obra de mi querido amigo Manuel Ortiz 

Recreo mi imaginación en una transformación de mi ser.


Dejo que un señal numérica me guié. Números que se repiten siempre cuando miro el reloj. Que misterio y que relación guarda con el Cosmos.

¿Quizá sea cierto que ante mí una luz estremecedora transforme mis deseos en momentos físicos? ¿Es posible que recoja todo lo que pido para serme entregado? ¿Y si todos sintonizáramos en el mismo deseo? Un deseo positivo ¿El mundo cambiaría? Afirmativo, sin duda, todo cambiaría.

Un foco de luz brillante se abre ante mí. Siento que logro alcanzar mis más íntimas ambiciones, gritos a la libertad e impregnarme de la energía que vaga por el espacio.


Soy pura vida y brillo como una estrella más, en el firmamento. No dejaré de pensar en esas señales, son la clave de mi existencia. Han captado lo que más anhelo.

Viajo a la velocidad de la luz, me desintegro para saber como soy por dentro y descubro, que soy el mismo Universo. Formulas y formulas de los mismos elementos. Combinaciones sucesivas donde el azar es juguetón y me siento desaparecer de un lugar para aparecer en otro quizá más bello, quizá más desolador. Viajo entre la energía de la que pertenecemos. Esto me hace sentir una Diosa. Poder cambiar lo malo por lo bueno. Vivir en armonía con todo el plan dispuesto por millones de frecuencias viajando juntas en el espacio, indestructibles, invariables. No existe el tiempo. Todo es relativo. Nada es real.

Aprendizaje. Todo va quedando grabado. Nada es borrado. 

Me siento más y más poderosa. Descubro que soy yo, la que dirige toda la sinfonía de acontecimientos a mi alrededor ¿Y porqué? Porque no dejo de mirar la luz que ante mi logra captar mi atención. Sigo aprendiendo, sigo creciendo. Soy imparable. Descubro que todo es uno. Galaxias, estrellas, planetas, formas de vida. Un tramado como la tela de una araña. Todos estamos en el mismo plan.
Todos estamos con un interruptor en nuestro Sistema.

¿Tú lo has conectado? Yo sí. Es formidable, te sientes en paz. Fluyes con suavidad, no dependes de nada. Tú y yo somos lo mismo. Juntos somos más. Si todos conectamos el interruptor para sintonizar la misma frecuencia, la que nos pide el Cosmos, lograremos salvar nuestro alegato, nuestro aprendizaje. No habrá sido en balde, nuestra forma de vida. 

La humanidad.



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