domingo, 29 de mayo de 2016

La barraca del abuelo Boro Mandingorra

 


Pintura al oleo sobre lienzo de Carlota cuando solo contaba con nueve años. 

Había una niña en frente de una barraca. Solo la separaba un camino llamado Mandingorra. Se llamaba así porque el labrador que atendía la barraca arrendada era la primera edificada en ese camino.

Albergó 4 generaciones seguidas de la misma familia. Esa niña era la cuarta de la  última de la generación que la habitó con sus abuelos hasta que la hicieron desaparecer por grandes avenidas.

Hasta el último rincón de la barraca y de su huerta conocía. El abuelo plantaba todo tipo de verduras. Le encantaba ayudar al abuelo a cuidarla. Tengo que decir que hacía alguna trastada que otra. Y de esa higuera, que en ese momento no tenía hojas, tres veces se cayó.

La huerta le parecía gigantesca y jugaba al escondite con su colega Victor. Un niño con mucha imaginación que se inventaba grandes historias para jugar y se pasaba la tarde rápidamente.

El abuelo se enfadaba cuando, donde estaban las fresas plantadas, de repente no había ninguna roja y decía, ya ha pasado por aquí la pequeña pero luego siempre le daba un gran abrazo y siempre la tenía en el cuello agarrada.

Le explicó muchas cosas de la huerta. Como había que cuidar las alcachofas, los tomates, pimientos, lechugas, bajocas. La nena como una esponja todo lo metía en su cabeza. Con las patatas  ayudaba a subirlas a la andana y las cebollas las dejaban separadas.

Un día, cuando la niña tenía nueve años quiso hacerle un regalo a su abuelo y a su abuela que tanto la quería. Como le encantaba dibujar y pintar, había ganado concursos en el cole y eso le hacía importante. Se sintió con la obligación como artista que se sentía de dejarle un legado de mucha importancia. Pintar la barraca al oleo. La hermana de la niña que era muy mayor, mucho, le proporcionó el material. Y así, toda dispuesta sobre una silla puso el lienzo 39X31 y de rodillas sobre un almohadón empezó a pintar aquella barraca.

Esa niña ha recuperado el cuadro para hacerle la foto y devolverlo a su tío que lo guarda con mucho cariño, porque la barraca y la huerta ya no existen. Está firmado con su auténtico nombre pero alguien le dijo.:

.- Estas hecha una artista! debieras buscarte un nombre artístico.

La niña pensativa, quedó sorprendida pero contenta, ¡un nombre artístico! Y lo busco.

Carlota. 

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