domingo, 29 de mayo de 2016

La noche


 



Obra de Manuel Ortiz



Entrada la noche me desperté sobresaltada, tuve una pesadilla. Los ojos se abrieron como platos y el corazón latía con fuerza.

Porqué tuve que pensar en ella, porqué quise recordarla. Siempre era lo mismo pero en distintos escenarios; cual de todos más inquietantes y durante todo el día, intentando visualizar aquellas escenas.

¡Malditas pesadillas!

Me encontraba en un lugar gris y en plena noche. Las luces de las farolas no emitían luz cálida, todo lo veía en blanco y negro. Quise volver al hotel en el que me hospedaba pero no lograba encontrar el camino de vuelta. Las calles estaban desiertas, y tenía la sensación de que me perseguían, que estaba en peligro. Andaba deprisa, todo lo que mis piernas podían. Respiraba un poco fatigada por el miedo iba invadiéndome poco a poco. De pronto algo me pareció familiar, un edificio, pero lo veía desde otra perspectiva. Sabía que si lograba acercarme a el, la memoria volvería y lograría encontrar el sitio donde nos alojábamos. Allí me estaría esperando preocupado él. Empecé a correr con algo de esperanza, ya había pasado un largo rato deambulando por las calles desiertas y parecía que mi ánimo de encontrar el camino de vuelta lo había perdido.

Ya en la acera donde se ubicaba el edificio, lo reconocí. Me alegré y la euforia me asaltaba en cada respiración y con ella, iba calmando mi locura de estar perdida en un lugar desconocido, gris y desierto. Entré por la puerta principal aliviada, pronto vería lo vería, preocupado y como siempre burlándose de que me pierdo en cualquier lugar.

Poco duró el entusiasmo de haber logrado encontrar el sitio. La entrada era igual, pero las escaleras y los ascensores no correspondían estar donde los recordaba. Empecé a dudar ¡No, la duda! Aquí empieza la búsqueda de la nada, siempre se repite de la misma manera. De antemano sabía que no iba a encontrar la habitación y que sí la encontraba, él no me reconocería y estaría con otra, parecida a mí pero que yo no era. 

La sensación de que me perseguían cada vez más latente se hizo patente cuando unas sombras vi detrás de mí. Tenía que llegar a la habitación ¿que piso? no recuerdo ¿que número en la puerta? no la recuerdo. Nada parecía en su emplazamiento normal, todo se había movido de sitio. Por la parte que se subía, ahora se bajaba. La ansiedad empezó con fuerza a amenazarme. Mis ojos se empezaron a llenar de lágrimas, no podía creerlo. En este mismo instante escuché la voz de él. Reía con ella, corrí hacia el punto de donde salían las voces y allí estaba con ella. Ella era igual que yo, pero reía de felicidad. Quise acercarme, pero algo me lo impedía, empecé a gritarle pero mi voz no salía de mi boca. Pensé que aquello era ya el final de mi existencia. Las sombras se acercaban y me acechaban cada vez más grandes.

Mis gritos se hicieron cada vez más desesperados, mis palabras salían entrecortadas. Le decía que ella no era yo. Pero es cuando me allané sin fuerzas y caí al suelo de rodillas. No escuchaba, no me veía. Derrumbada y abatida por el dolor de lo absurdo me rendí a mi fortuna. Sabía que de aquel lugar no saldría jamás y que quedaría atrapada en aquella dimensión para el resto de mi existencia. Las sombras ya me rodeaban dejándome en una oscuridad llena de tristeza, rabia, resentimiento e ira. 

"Nuestras pesadillas nos hablan. Nos cuentan que tenemos conflictos en la vida real. Es una tarea difícil descifrarlos y por consiguiente pasar hacer cambios importantes en la vida real para vivir con armonía. Pero está claro que algo va mal, y es una manera de como nuestra mente compleja nos lo dice. 

Estoy aprendiendo a mirar hacia adentro, y voy descubriendo otro mundo. Mi mundo. Ya no he vuelto a tener esta pesadilla, por fin me he liberado de unas cargas que no me pertenecían. Aún así me maravillo de lo poderosa que es nuestra mente. Puede resolver cualquier enigma en la que nos vemos envueltos, sólo debemos quedarnos quietos y escucharnos"

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